lunes, 7 de junio de 2010

España como Encrucijada de Religiones





España como encrucijada de religiones


-La coexistencia de diversas religiones en España no es algo nuevo, aunque no siempre se ha conseguido que fuera pacífica.


La convivencia en el pasado


Bautismo de moriscas, detalle del retablo de la Capilla Real de Granada, obra del escultor Felipe Bigarny (siglo XVI). (Foto)



En la Edad Media, el cristianismo, el islam y el judaísmo convivieron en muchas ciudades y territorios españoles. Anteriormente, en la antigüedad, los romanos, los griegos, los celtas y otros pueblos que habitaron la península Ibérica rindieron culto a sus diferentes dioses y les construyeron templos.

Pero las distintas religiones no siempre han gozado de la tranquilidad necesaria para desarrollarse. Por ejemplo, cuando España era una provincia romana y el cristianismo no era todavía la religión oficial del imperio, se persiguió a los seguidores de esta religión. Posteriormente, en la época de dominio de los visigodos, el cristianismo se convirtió en la religión de los reyes y el poder religioso y el político empezaron a estar cada vez más identificados. Durante la Edad Media, los musulmanes controlaron gran parte de la península y, aunque no era obligatorio convertirse al islam, aquellos que querían ser funcionarios u obtener determinadas ventajas -por ejemplo, en el pago de impuestos- sí debían hacerlo. Los enfrentamientos y persecuciones entre cristianos y musulmanes, aunque generalmente estaban motivados por razones políticas y de control del territorio, se justificaron en numerosas ocasiones en nombre de la religión. Por el mismo motivo, los judíos sufrieron persecuciones por parte de los fieles de otras religiones.

A partir de 1492, año en que los Reyes Católicos expulsaron a los judíos de Castilla y Aragón, los diferentes reinos de la península Ibérica fueron persiguiendo y expulsando a todos los que no eran cristianos. Durante siglos en España solo ha habido una religión oficial, la católica, y en ocasiones se ha perseguido a los que creyeran en otras religiones, e incluso a los que siendo católicos pensaran de modo diferente.

Pero desde que vivimos en democracia, la Constitución de 1978 reconoce que en nuestro país no hay una religión oficial y nadie puede ser perseguido por la religión que tenga, ni tampoco por no tener religión, como los ateos, los agnósticos y los no religiosos.